Cartagena y sus espacios públicos: Entre la recuperación y la desconexión con el ciudadano

Cartagena atraviesa un momento en el que la recuperación y renovación de espacios públicos se ha convertido en una apuesta visible. Parques intervenidos, escenarios deportivos mejorados y zonas urbanas revitalizadas hacen parte del discurso institucional de ciudad. Sin embargo, en la práctica, la experiencia del ciudadano parece contar una historia distinta.


José Luis Donado Rangel 

Comunicador social y periodista 

Especialista en Gerencia de la Comunicación Organizacional 

Domingo 5 de abril del 2026. En los últimos días, distintas situaciones han encendido el debate sobre el uso real de estos espacios. El Parque Centenario, uno de los lugares más emblemáticos del Centro Histórico, ha sido escenario recurrente de inconformidades. Cierres sin previo aviso, accesos restringidos y explicaciones poco claras han generado desconcierto entre quienes llegan a disfrutar del lugar. Vigilantes aseguran que se trata de jornadas de mantenimiento, pero en varios casos no hay presencia de personal realizando labores, lo que aumenta la incertidumbre.

A esto se suma un hecho que ha llamado especialmente la atención: un grupo de mujeres tejedoras que se había citado en los jardines del parque para desarrollar su actividad fue retirado por el personal de seguridad, sin una explicación clara sobre las razones. Un espacio que debería fomentar el encuentro ciudadano terminó convirtiéndose en un punto de tensión.

La situación no se detiene ahí. La pista de patinaje del mismo Parque Centenario también ha sido foco de polémica. Ciudadanos que practican esta disciplina de manera recreativa denuncian que, sin información previa, deben abandonar el lugar cuando inician entrenamientos de clubes deportivos. Según relatan, son los propios entrenadores quienes les solicitan retirarse, generando incomodidad y la sensación de exclusión en un escenario que es público.

El caso más reciente se presenta en el parque Flanagan, en Bocagrande, donde el reconocido escritor y periodista Orlando Oliveros ha denunciado la existencia de una norma que limita el ingreso a un solo acompañante por niño. La medida ha provocado altercados entre padres de familia y personal de vigilancia, reabriendo la discusión sobre quién define las reglas en estos espacios y bajo qué criterios.

Lo que une todos estos episodios es un elemento común: la falta de información clara, oportuna y accesible para la ciudadanía. No se trata únicamente de las decisiones que se tomen sobre el uso de los espacios, sino de cómo se comunican.

Cartagena cuenta con entidades como el IDER, la Gerencia de Espacio Público y equipos de comunicaciones dentro de la administración distrital que podrían desempeñar un papel clave en este proceso. Acciones simples como la instalación de señalización visible, publicación de horarios de uso, socialización de normas y canales efectivos de información podrían evitar gran parte de estas situaciones incómodas.


La ciudad no solo necesita espacios públicos renovados, sino espacios comprendidos, organizados y verdaderamente accesibles para todos. Porque cuando la ciudadanía no entiende las reglas, no las percibe como orden, sino como barreras.

Este no es un llamado a la confrontación, sino a la articulación. A que las entidades responsables avancen hacia un plan claro de comunicación y gestión del espacio público que esté a la altura de las intervenciones que se están realizando.

Cartagena tiene hoy la oportunidad de no solo construir ciudad desde la infraestructura, sino también desde la confianza.

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